Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —¡Ah! —dije yo, algo molesto—; permÃtame agotar todas las objeciones relativas a ese documento.
—Habla, muchacho, no te preocupes. Te dejo en total libertad de exponer tus opiniones. Ya no eres mi sobrino, sino mi colega. O sea que adelante.
—Pues bien, ante todo le preguntarÃa qué son esos Yocul, Sneffels y Scartaris de los que nunca he oÃdo hablar.
—Nada más fácil. Precisamente hace algún tiempo recibà una carta de mi amigo Augustus Peterman, de Leipzig; no podÃa llegar más oportunamente. Coge el tercer atlas del segundo estante de la biblioteca grande, serie Z, lámina cuatro.
Me levanté y, gracias a sus precisas indicaciones, encontré rápidamente el atlas pedido. Mi tÃo lo abrió y dijo:
—Éste es uno de los mejores mapas de Islandia, el de Handerson, y creo que va a darnos la solución a todos tus problemas.
Me incliné sobre el mapa.
Me incliné sobre el mapa.