Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Ante todo —prosiguió mi tÃo—, te recomiendo el más absoluto secreto, ¿me oyes? No faltan envidiosos en el mundo de los sabios, y muchos querrÃan emprender este viaje, que ni siquiera deben sospechar hasta nuestro regreso.
—¿Cree usted que es tan grande el número de valientes? —dije.
—Desde luego. ¿Quién vacilarÃa en conquistar semejante fama? Si el documento fuese conocido, un ejército entero de geólogos se precipitarÃa tras las huellas de Arne Saknussemm.
—De eso sà que no estoy convencido, tÃo, porque nada prueba la autenticidad de ese documento.
—¡Cómo! ¿Y el libro en que lo hemos descubierto?
—Bueno, concedo que el tal Saknussemm haya escrito esas lÃneas, pero ¿significa eso que haya realizado de veras ese viaje? ¿No puede encerrar ese viejo pergamino una mistificación?
Casi lamenté haber pronunciado esta última palabra algo aventurada. El profesor frunció sus espesas cejas, y temà haber comprometido la continuación de la charla. Afortunadamente no fue asÃ. Mi severo interlocutor esbozó una especie de sonrisa en sus labios, y respondió:
—Eso es lo que vamos a ver.