Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Y que Humphry Davy me demostró, aquà mismo, con un experimento muy simple. Preparó una bola metálica hecha principalmente con los metales que acabo de citar, y que representaba perfectamente nuestro globo; cuando se dejaba caer una fina lluvia en su superficie, ésta se hinchaba, se oxidaba y formaba una pequeña montaña; en su cima se abrÃa un cráter; la erupción se producÃa y comunicaba a toda la bola un calor tal que resultaba imposible sostenerla en la mano.
Verdaderamente comenzaba a vacilar ante los argumentos del profesor; además, los sostenÃa con su pasión y entusiasmo habituales.
—Ya ves, Axel —añadió—, el estado del núcleo central ha suscitado diversas hipótesis entre los geólogos; no hay nada menos demostrado que ese calor interno; en mi opinión, no existe, no podrÃa existir; además, lo vamos a ver, y lo mismo que Arne Saknussemm, sabremos a qué atenernos sobre esta gran cuestión.
—Pues bien, sà —respondà yo, sintiendo que me ganaba su entusiasmo—; sÃ, lo veremos, si es que allà se puede ver algo.
—¿Y por qué no? ¿No podemos contar con fenómenos eléctricos para alumbrarnos, e incluso con la atmósfera que, al acercarse al centro de la Tierra puede volverse luminosa debido a la presión?
—Sà —contesté—, sÃ, después de todo es posible.