Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Pero nada apareció sobre las antiguas murallas. El castillo es, además, mucho más moderno que el heroico prÃncipe de Dinamarca. Sirve ahora de alojamiento suntuoso al vigilante del estrecho del Sund, por el que todos los años pasan quince mil navÃos de todas las naciones.
El castillo de Krongborg desapareció pronto entre la bruma, asà como la torre de Helsinborg, levantada en la costa sueca, y la goleta se inclinó ligeramente bajo las brisas del Cattegat.
La Valkiria era un buen velero, pero con un navÃo a vela nunca se sabe a ciencia cierta qué va a pasar. Transportaba a Reikiavik carbón, utensilios domésticos, cerámica, vestidos de lana y un cargamento de trigo. Una tripulación de cinco hombres, todos ellos daneses, bastaba para su manejo.
—¿Cuánto durará la travesÃa? —preguntó mi tÃo al capitán.
—Unos diez dÃas —respondió este último—, si no encontramos demasiados vendavales del noroeste al atravesar las Feroe.
—Pero ¿puede sufrir retrasos considerables?
—No, señor Lidenbrock; tranquilÃcese; llegaremos.