Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna Creemos inútil decir que en toda aquella noche del 5 al 6 de diciembre, no descansaron un instante los viajeros. ¿Habrían podido cerrar los ojos tan cerca de aquel nuevo mundo? No. Todos sus sentimientos se concentraban en un solo pensamiento: ¡Ver! Como representantes de la Tierra, de la Humanidad pasada y presente, que resumían en sí la raza humana, miraban por sus ojos aquellas regiones lunares cuyos secretos intentaban penetrar. Se hallaban poseídos de una profunda emoción y no hacían más que ir de un cristal a otro.
Sus observaciones, reproducidas por Barbicane, fueron rigurosamente determinadas. Para hacerlas, disponían de anteojos; para comprobarlas, tenían mapas.
El primer observador de la Luna fue Galileo. Su insuficiente anteojo sólo aumentaba treinta veces el tamaño del astro. Sin embargo, en las manchas que salpicaban el disco lunar “como los ojos que marcan la cola de un pavo real” fue el primero que reconoció montañas y aun midió la altura de algunas, a las cuales atribuyó exageradamente una elevación casi igual a la v1gesima parte del diámetro del disco, o sea ocho mil ochocientos metros. Galileo no trazó ningún mapa que reprodujera sus observaciones.