Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —Y en ese caso —dijo Miguel Ardán—, el amigo Nicholl ha perdido sus dos apuestas: cuatro mil dólares por no haberse reventado el columbia; y cinco mil porque el proyectil se ha elevado a una altura superior a seis millas; conque, paga, Nicholl.
—Demostremos primero —replicó el capitán— y luego pagaremos; es muy posible que sean exactos los razonamientos de Barbicane y que yo haya perdido mis nueve mil dólares; pero se me ocurre una nueva hipótesis que anulará la apuesta.
—¿Qué hipótesis? —preguntó vivamente Barbicane.
—La de que, por una causa cualquiera, no haya ardido la pólvora y no hayamos partido.
—¡Par Dios, amigo mÃo —exclamó Miguel Ardán—, vaya una hipótesis digna de haber nacido en tu cerebro! ¡No puedes decir eso formalmente! ¿Pues no hemos sido casi aplastados por la sacudida? ¿No te he hecho yo recobrar el conocimiento? ¿No está ahà patente la herida del hombro del presidente por el golpe que ha sufrido?
—Es verdad, Miguel —replicó Nicholl—; pero se me permitirá hacer una pregunta<.
—¡Venga!
—¿Has oÃdo la detonación, que sin duda alguna habrá sido formidable?