Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —No —respondió Miguel Ardán, sorprendido—; verdad es que no he oÃdo la detonación.
—¿Y vos, Barbicane?
—Tampoco.
—¿Y entonces? —dijo Nicholl.
—Es verdad —murmuró el presidente—, ¿por qué no hemos oÃdo la detonación?
Los tres amigos se miraron, algo desconcertados, porque se presentaba un fenómeno inexplicable. El proyectil habÃa partido, luego la detonación debÃa de haber sonado.
—Sepamos primero dónde estamos —dijo Barbicane— y abramos las escotillas.
Al punto se efectuó esa operación, sumamente sencilla. Las tuercas que sujetaban los pasadores sobre las planchas externas de la derecha cedieron la presión de una llave inglesa. Los pasadores fueron empujados hacia fuera y los agujeros que les daban paso fueron tapados con obturadores forrados de caucho. Inmediatamente la placa exterior giró sobre su charnela como una ventanilla y apareció el cristal lenticular que cerraba la lumbrera. En la parte opuesta del proyectil habÃa otra lumbrera idéntica y otras dos más en el vértice y en el fondo, con lo cual se podÃa observar en cuatro direcciones distintas el firmamento por los cristales laterales y más directamente la Tierra y la Luna por las aberturas superior e inferior. .