Cecilia Valdes

Cecilia Valdes

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Póngase la chaqueta, —añadió doña Rosa derramando las onzas sobre la mesa para contarlas—, y vaya ahora mismo a la calle del Teniente Rey, a la otra puerta de la botica de San Agustín, relojería de Dubois, y se compra Vd. el mejor reloj de repetición que haya recibido últimamente de Ginebra. Diga Vd. que es para mí. ¿Se ha enterado Vd.?

—Sí, señora.

—Supongo que Vd. no entiende de relojes.

—No se me alcanza mucho, que digamos, pero en Gijón, donde yo nací y me crié, hay más de una relojería; y un tío mío, hermano de mi madre, que en paz descanse, tenía en la uña, como quien dice, el mecanismo de los relojes.

—No lo decía por tanto, don Melitón, lo decía para prevenirle contra cualesquier engaño que pudieran practicar con Vd., si se creyese que el reloj era para Vd. u otra persona así… ¿Vd. me entiende?

—Ya, ya, estoy enterado.

—Oiga. Recalque Vd. a Dubois que el reloj es para mí. El me conoce y debe saber que le costaría caro…

—Dar a Vd. gato por liebre, —interrumpió el mayordomo—. Por sentado que le costaría un ojo de la cara, si tal hiciera el muy bellaco. Demasiado lo sé y lo sabe él.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker