Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Las dos muchachas se miraron como azoradas, asà por el tono como porque ambas la creyeron absorbida completamente en sus tristes pensamientos.
—Su hijo, —prosiguió Nemesia en baja voz—. Tú me entiendes… Ese sà que es de temer… Joven, bien plantado, rebosándole la gracia por todas partes, con mucha labia y dinero para derramarlo como quien derrama agua… No hay mujer de corazón que se resista. ¿Es verdad, china? No es posible verlo y oÃrlo sin quererlo. Yo me guardarÃa de un hombre como él como del diablo. Ya le ha dado quebraderos de cabeza a más de una muchacha. Tiene a quien salir.
Continuaba la Chepilla en su abstracción, sin oÃr ni entender, en la apariencia, las palabras de Nemesia. Cecilia al contrario, desde que su amiga mencionó a su amante, se volvió toda oÃdos, comprendiendo que ella se proponÃa comunicarle alguna noticia importante.