Cecilia Valdes
Cecilia Valdes —¿Quién lo mencionó? —preguntó Cecilia con ansiedad.
—No te pudiera decir lo cierto; mas si no me engaño, entre Meneses y la muchacha pálida. Ellos hablaban de él. Según entendÃ, todos iban al gran baile que se da esta noche en la Filarmónica.
—Lo temÃa, —dijo Cecilia.
—¡Ay! —exclamó Nemesia—. Ahora caigo para quién era el chaleco de seda que tuve que hacer con tanta premura. ¡Oh! Si lo averiguo antes no me apuro para acabarlo en tiempo. Cosà hasta bien tarde de la noche, porque me lo dieron ayer tardecita y se querÃa para hoy a las tres. ¡Quién lo hubiera adivinado! Al menos no hubiera ido él al baile de la gente blanca con un chaleco hecho por mÃ. Para lucÃrselo a Dios sabe quién. Nadie sabe para quién trabaja. Digo esto por ti, chinita, porque a mà no me va ni me viene. El no me pertenece; sólo me intereso por ti, que has puesto tu cariño… ¡Cuidado que los hombres son ingratos! Pero más vale callar y no ponerle más leña al fuego.