Cecilia Valdes
Cecilia Valdes La última exclamación la hizo seña Josefa, ya en pie y con las manos en los oídos, como para no oír por boca de la nieta la confirmación del mal juicio que se había formado acerca de sus opiniones sobre el matrimonio. Cecilia se puso también en pie y quiso seguir a la abuela, sea con la intención de calmarla, sea con la de justificarse, explicando o ampliando su idea; pero se detuvo de repente porque en aquel momento asomó por la entreabierta puerta de la calle el bien conocido rostro de Nemesia.