Cecilia Valdes
Cecilia Valdes … Pero ponme
esa mano en este pecho.
¿No sientes en él, Matilde,
Un volcán? ¡Pues son mis celos!
J. J. MILANÉS
—Santos dÃas por acá, —entró diciendo muy risueña Nemesia sin llamar a la puerta.
Pero se quedó callada e inmóvil no bien echó de ver la cara y actitud de sus dos amigas. La abuela habÃa vuelto a desplomarse en la butaca, su sitio favorito; la nieta se mantenÃa de pie, junto a la mesa, en la cual apoyaba una mano, fluctuando visiblemente entre el dolor y la desesperación.
No pudo ser más oportuna la aparición de la amiga en aquellas circunstancias. La anciana habÃa dicho más de lo que la prudencia aconsejaba, y la joven temÃa averiguar el sentido Ãntimo de las últimas palabras de la abuela. ¿Qué sabÃa ella? ¿Por qué usar un lenguaje tan embozado? ¿Abrigaba fundadas sospechas o sólo pretendÃa intimidar?
