Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Medio se incorporó el negro en la silla, e hizo muecas horribles en el afán de abrir los ojos, casi cegados por el polvo blanco de la calle, y dijo al fin:
—Yo no me ñama José, me ñama Ciliro, y mi amo el Dotor está ahí aentro, si no ha salío. Dentre, dentre.