Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Meditando su pena
Dentro del pecho el corazón se abrasa:
El fuego desordena
Los límites y pasa:
Y suelta ya la lengua, hablé sin tasa.
GONZÁLEZ CARVAJAL
La extraña conducta y las frases irónicas de su cara esposa traían alarmado a don Cándido Gamboa. Nunca había usado ella un lenguaje tan sarcástico. Por el contrario, en sus arranques de celos siempre había pecado por franca y desembozada. ¿Qué había averiguado de nuevo? ¿Dónde había estado aquella mañana, que la produjo tal cambio?
No entraban en el carácter, ni en las ideas de honor y dignidad de don Cándido el pedir a su esposa la explicación del misterio, menos a los hijos con quienes pocas veces hablaba, mucho menos a los criados, alguno de los cuales sabía más secretos de la familia de lo que convenía a la paz y a la dicha del hogar. Hombre de mundo y astuto, creyó que podía dejar al tiempo y a la indiscreción de la mujer o de los hijos el salir de dudas más tarde o más temprano.