Cecilia Valdes
Cecilia Valdes ¡Conciencia, nunca dormida,
mudo y pertinaz testigo
que no deja sin castigo
ningún crimen en la vida!
La ley calla, el mundo olvida;
mas ¿quién sacude tu yugo?
Al Sumo Hacedor le plugo
que a solas con el pecado,
fueses tú para el culpado
delator, juez y verdugo.
NÚÑEZ DE ARCE
Llega una época en la vida de cada hombre culpable de falta grave, en que el arrepentimiento es el tributo forzoso que se paga a la conciencia alarmada; pero la enmienda, como sujeta a otras leyes y dependiente de circunstancias externas, no siempre está el cumplirla en la voluntad humana. Porque tiene eso de característico la culpa, que, cual ciertas manchas, mientras más se lavan, más clara presentan la haz.