Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Salían en aquel punto los negros de sus bohíos y fue preciso que don Liborio pensase en lo que había de hacer con ellos. Descorrido el cerrojo, se plantó junto a la jamba de la puerta para verlos desfilar uno a uno, según tenía ordenado. Por eso, aunque hacía bastante oscuro, pudo observar que una negra se parapetaba del compañero y quería pasar desapercibida. Malicioso y vigilante, no necesitó de más para echársele encima, cogerla por un brazo y acercarle la lumbre del tabaco a la cara. Con sorpresa mezclada de alegría vio que era la negra Tomasa suama, prófuga hacía entonces precisamente dos semanas. Mientras sujetaba ésta, apareció recatándose también Cleto gangá, y tras él Julián arará, Andrés bibí y Antonio macuá, los cuales detuvo y colocó a un lado.
Así que pasaron todos los demás y que formaron en medio del batey, echó por delante a los cinco presos y les ordenó hacer alto frente a frente del centro de la fila, tanto más larga cuanto que era sencilla. Seguidamente empezó el interrogatorio:
—Venga acá, mamá Tomasa, y dígame por vía suyita, ¿de aónde viene la niña ahora?
—De la monte, —contestó ella imperturbable.
—¡Oiga! ¿Y qué fue a buscar al monte la niña Tomasa?
—¿Siñó…?