Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Del contrario el pecho roto
Lanza ya de sangre un río…
EL DUQUE DE RIVAS
Por necesidad mortal no resultó la herida que en riña al cuchillo con el músico José Dolores Pimienta, recibió Dionisio Jaruco o Gamboa. No le asestaron el golpe de punta, sino de corte, y aunque el hierro dividió diagonalmente los músculos del lado izquierdo del pecho, a la altura de la tetilla, no lastimó parte ninguna delicada en su largo trayecto. De manera que, si cayó de espaldas, no fue porque la herida le privó de hecho de las fuerzas. Tropezó con una piedra de la calle al esquivar el golpe, abatiéndole el susto y el fluir de la sangre.
Postrado y lamentoso, oprimiéndose la herida con ambas manos, se hallaba en medio de la calle Ancha cuando acertó a pasar un hombre de color, de formas atléticas. Iba descalzo y llevaba una correa de cuero crudo que, pasándole por el hombro derecho, se unía por las dos gazas de las extremidades en el costado izquierdo, a manera de tahalí[178]. Era aguador o carretillero, como dicen en La Habana. Se acercó al oír los quejidos y se retiró luego de prisa, murmurando:
—¡Matá! Dio mi libra.
