Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Así aprendía él a fuerte, así se curtía desde pequeño, en la pillería y la maldad. Y como no era el único curro, pues abundaba la especie en la época mencionada, acontecía muchas veces el reunirse con otros varios de su edad y de sus aficiones, en cuyos casos sus correrías tomaban carácter más agresivo y malévolo. Formaba, en efecto, partido o bando con los de su barrio para batirse a pedradas con los del vecino, sus enemigos mortales; para arrebatar los medios que los padrinos solían arrojarles a la calle después del bautizo; para atarle mazas de lata a la cola de algunos perros y soltarlos en los sitios más concurridos de paseantes; para lanzar piedras a los tejados o patios de ciertas casas cuyos moradores les eran antipáticos: para hurgar con pinchos y embravecer en los corrales a los cerdos y toros destinados a la matanza; en fin, para esgrimir el cuchillo de palo hasta arañarse y sacarse sangre unos a otros, cosa de aprender y adquirir agilidad en el manejo de esa arma traidora.