Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Rayaba en la adolescencia cuando su padre, desengañado de que las letras no le entraban ni con sangre, le puso de aprendiz con el maestro zapatero Gabriel Sosa, que tenía su obrador[181] en la calle de Manrique esquina a la de la Maloja, dándole carta blanca para tratar al mozo en todo conforme a la medida de sus merecimientos. Era el maestro Sosa hombre duro de carácter y recio de mano, por lo que, a fuerza de golpes con las hormas, de correazos con el tirapié y de atarle con cadena de hierro, cual animal indómito y montaraz, para quebrantarle la propensión a la fuga, al cabo de cuatro años logró que aprendiese siquiera a hacer zapatos de mujer. Después de cumplido el término del aprendizaje, solía concurrir dos o tres veces por semana a la misma zapatería con el objeto de ganarse la subsistencia, siempre que no se le presentaban las ocasiones de ganársela por medios, si no más honrosos, a lo menos más cómodos y de acuerdo con sus innatas inclinaciones.
La zapatería del maestro Sosa se hallaba en la cresta de una barranca cavada por las aguas llovedizas. Descendían por la calle de Manrique, y, después de recoger las de la calzada de San Luis Gonzaga, las de la Estrella y la Maloja, se precipitaban en cascada por entre los patios de las casas de más abajo, formando arroyo caudaloso. Había, pues, un desnivel grande entre el piso de la casa y el de la calle, y, consiguientemente, dificultad mucha de acceso por la altura del umbral.