Cecilia Valdes
Cecilia Valdes —Malanga. Aunque éste no es mi nombre, sino Polanco. Er amo de mi paire era un tar Polanco. Pero asina me ñaman en el Manglal, polque mi paire es de nación, y mi maire tambié, y yo soy crioyo. Dende chiquito me ñaman asina.
MentÃa el bellaco. Dábanle en el barrio del Manglar el apodo de Malanga por ser él desmalazado de porte y de carácter, por tener las zancas y brazos largos, en contraste con el tronco, que era corto, y sobre todo los pies grandes y gruesos.
—¿Y que hace el señol ahà tendió pansa arriba? ¿Se le ha subió el aseite a la chola?
—Yo no estoy borracho, Malanga, estoy mal herido.
—¡JerÃo! ¿Y quién le ha hecho ese flaco selvisio?
—Un pardito que no vale una guayaba. Mire aquÃ.
—¡Güeña jeria! Se conoce que el paidito sabe su oficio. ¿Pero aónde ha estao el señol? ¿En un entierro?
—No he estado en ningún entierro. Yo venÃa de un baile, cuando me topé con el pardito; tuvimos unas palabras y en la pendencia me hirió a traición. Mas ¿por qué me hace Vd., esa pregunta?
—Pol náa. Como lo veo vestÃo de sacateca…
—Mi traje no es de zacateca, es traje de corte.