Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Con la botella en una mano y el vaso en la otra, que recibió por el ventanillo enrejado, sin pararse a contar el cambio que le dio el tabernero, acudió en socorro del cocinero. Luego que le lavó la herida, es decir, que se la empapó por encima de la camisa, que se la vendó lo mejor que supo y pudo con dos pañuelos, que le dio a beber el aguardiente, le ayudó a levantarse y por la mano le condujo hasta un cuarto de tablas en el interior de una ciudadela o casa de vecindad que había a la puerta inmediata del teatro de Jesús María. Por fortuna, mientras duró esta cómico-trágica escena, no pasó por allí alma viviente, si exceptuarse puede uno que otro gato o perro que, lejos de emprenderla con nuestros personajes, o huyó despavorido, o se retiró ladrando.