Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Durante la convalecencia de Dionisio, le entretuvo Malanga con la gráfica relación de su arrastrada vida y de sus aventuras. Nada le ocultó: sus trabajos de muchacho; sus raterías de mayorcito; sus puñaladas dadas y recibidas en riñas desiguales; por último, sus maravillosas escapadas de las persecuciones de la justicia. Especialmente refirió, por cierto con feroz complacencia, llevando la cuenta con marcas hechas en el brazo izquierdo, el número de los cangrejos (según llamaba a los taberneros o pulperos, en su mayoría catalanes), que había birado en sus pocos años de vida; esto es, asesinado a sangre fría.
Como hiciese Malanga en estos casos frecuente uso de los vocativos Dionisio y aún Jaruco, prevínole éste no le diera ninguno de estos dictados, exponiéndole las razones que tenía para aquella precaución.