La peineta calada

La peineta calada

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

–¡Ah! seña Caridad, no me venga usted tentando, porque aunque no fuera más que por hacerle un mal tercio a Andrés me prestaría a servirla. No obstante, estoy desengañado que Rosario no me ha de querer. Conque porque le di de palos a su amante está contra mí, como una furia… Vea usted, yo le di por porfiado, por sinvergüenza. Pretendía hacer creer a la gente que yo era un ladrón de peineta, cuando mi ánimo no fue otro que quitársela a Rosario para que no fuera al baile aquella noche donde supe que iba a verse con Andrés.

–Al fin, don Liborio, ¿me sirve usted o no me sirve? Mire, le prometo que Rosario hará las paces con usted; eso en primeras, en segundas, me comprometo a que dentro de seis días ella aborrecerá a Andrés y lo pondrá a usted en su lugar.

–Mucho promete usted y a mucho más se compromete; sin embargo, no quiero que se diga en ningún tiempo que por mi culpa se dejó de hacer una cosa tan razonable como es vengar a una mujer de los agravios de un hombre. Soy de usted. Dígame lo que se ha de hacer y verá quién es Liborio Mellado. Pero tenga usted presente que si luego salimos con el sueño del gato, no serán ustedes las que se queden riendo de mí, no. A usted y a Rosario les doy una paliza, que la van a contar al otro mundo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker