La peineta calada
La peineta calada –No hay cuidado –repuso la vieja alegre y animada–, respondo con mi cabeza de todo lo que tengo prometido a usted.
Y en la efusión de su regocijo abrazó al encapotado, citólo para la noche del dÃa siguiente en su casa y se separó de él, repitiéndole que el amor de su hija serÃa la paga del servicio importante que iba a prestarles.