La peineta calada
La peineta calada Efectivamente, harta experiencia propia tenía la Chirinos del corazón de la mujer para equivocarse en sus cálculos respecto de lo que pasaba en el de su hija. Porque enamorada ésta por naturaleza y poco o nada acostumbrada a refrenar sus pasiones, para hacerla esclava absoluta de ellas, bastaba excitárselas de cualquier modo. Sin embargo, bien fuese que la vieja se compadeciera al fin del estado de abatimiento en que había caído su hija, bien que quisiera tentar el vado como decirse suele e ir con tiento para no asustarla y errar el golpe, entabló con ella el diálogo siguiente:
–Confieso, hija mía, que tu desgracia me ha afectado mucho y que he andado muy perpleja sobre lo que tocaba hacer como madre tuya que soy.
Levantó la joven la cabeza, miró a seña Caridad con expresión de asombro y no replicó palabra, esperando el fin a que se encaminaba, o por ventura, y es lo que nos parece más natural, dudando que hubiese sinceridad en sus palabras.