La peineta calada
La peineta calada –En efecto, asà creo que se llamaba la muchacha. que digo.
–Yo la conozco como a mis manos y conocÃa la peineta y quién la hizo y cuándo y todo. Pues para que usted vea lo que es correr con fortuna. La misma noche que robaron esa peineta a Rosario Valdés su madre se la encontró en la calle de las Damas rota en dos pedazos; por cierto que hasta hoy no la han llevado a componer a la peineterÃa de don Isidro y por cierto también que el oficial que se ha encargado de su composición es don Andrés C… conque para que vea usted si yo estoy impuesto o no.
–Acaso usted mismo serÃa el que se la vendió a Rosario Valdés, ¿no es esto? –dijo la joven en un estado de agitación tan difÃcil de reprimir como de pintar nosotros.
–No, señorita, yo no se la vendÃ: esa peineta no fue vendida, ni comprada: de la peineterÃa de don Isidro salió en clase de regalo para Rosario Valdés, la hija de seña Caridad Chirinos. ¿Y qué dice usted de esos géneros, señora? –preguntó de pronto don Liborio, dirigiéndose a doña Margarita, cual si no hubiese hecho alto en la impresión que sus palabras habÃan producido en el ánimo de Dolores.
–¿Qué quiere usted que diga? –contestó doña Margarita– que son muy comunes y que no incitan a gastar dinero.