La peineta calada

La peineta calada

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Andrés, por despachar cuanto antes a la vieja Chirinos, el mismo día había emprendido la soldadura de la peineta y habiéndola pasado por el agua hirviendo, la había colocado en el muelle para pulirla, cuando las voces de su mujer y amigas le anunciaron de su llegada. Por listo que quiso andar se presentaron ellas en la puerta del taller a tiempo que la arrancaba y arrojaba en un rincón, acto que no pudo escaparse a los ojos de Dolores, que venía delante y prevenida.

El mismo delito le denunciaba. ¿Qué si no, pudo hacerle sospechar que su esposa era sabedora de sus faltas hasta allí tan ocultas? ¿No podía ser su llegada repentina una cosa muy casual, un acto involuntario, inocente, sin malicia alguna? ¿Sabía él tampoco que ella conociese la peineta calada? ¿Tenía indicios de que se la había regalado a Rosario? ¿Estaba ella impuesta de las relaciones que entre ésta y Andrés existían o habían existido, si ni aún en su boca había oído semejante nombre? ¿A qué venía, pues, aquella ocultación?

Lo que se deduce de esto es que Andrés era aún muy novicio en1a carrera del disimulo, que aún amaba a su esposa y que el mismo ahínco de ocultarle sus faltas le hacía incurrir en otras de más grave trascendencia.


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