La peineta calada
La peineta calada –¿Y cuándo te dio ese recado?
–Esta tarde, al oscurecer.
–¿Y ahora vienes a traérmelo?
–¿Qué quiere usted, doña Doloritas? Don Andrés esta tarde me llamó aparte, y me dijo: –Ciriaco, ve en un brinco a casa y di que no me esperen hasta las nueve, porque estoy muy ocupado. Al salir por la puerta corriendo, me vio el amo y me preguntó: –Ciriaco, ¿dónde vas? –A casa de doña Doloritas –le contesté. –Luego irás a casa de doña Doloritas –replicó el amo–. Primero son los quehaceres de la tienda que los de fuera. Anda a Salud, y dile a don Gregorio que me mande las cuatro conchas de carey que allí ajusté esta mañana. Y fui al barrio de la Salud.
–¿Y luego?
–Luego fui al barrio del Ángel para cobrar la composición de una caña de carey del doctor Sanguijuela; y luego a casa de la señora doña Eugenia Pérez a cobrar una cuenta atrasada, y luego al barrio de San Isidro a entregar dos peinetas de caracol a las niñas del Contralor, y luego…
–¡Y luego a los infiernos! –le interrumpió la joven exasperada de oírle contar dedo por dedo los diferentes puntos a donde había tenido que ir antes de traerle el recado de Andrés.