La peineta calada
La peineta calada –Nada –contestó la vieja acabando de cerrar la ventana–, nada, una mujer borracha que venÃa por la calle, parece que se cayó ahà junto y se la llevan en una volanta para su casa.
–La voz del muchacho no me es desconocida –replicó Andrés yendo a la puerta.
–Puede ser –dijo la Chirinos, cuya respiración era cada vez más ronca.
–El muchacho perseguÃa la volanta –añadió Andrés–. La alcanzó… Sube a la zaga… Ha doblado la esquina. Voy a ver.
Y partió.