La peineta calada
La peineta calada El carruaje dicho que dobló a la calle de Compostela, en la esquina próxima volvió a doblar hacia la de Luz, que subió hasta la de Curazao, por la cual corrió todo derecho hasta salir a la muralla del sur, tras Aserradero. Allí se detuvo de improviso frente a una casa pequeña, o mejor dicho accesoria, según llaman aquí a las posesiones bajas añejas de las casas altas. En el instante se apeó el hombre del sombrero de paja, trayendo en brazos la desmayada, con la misma facilidad que si fuera un chiquillo, pegó un puntapié en la puerta, saltó la tranca con que estaba asegurada por dentro, las hojas se abrieron de par en par, cerráronse otra vez tras los desconocidos y el carruaje vacío tornó a emprender su carrera por la muralla adelante.