La peineta calada
La peineta calada A la bulla acudieron algunos vecinos y el comisario de policía con sus corchetes, que ataron fuertemente "al vendedor de ropa", todavía sin conocimiento y hubieran ejecutado lo mismo con Andrés, figurándose que aquella había sido un riña de dos bribones por la posesión de una mujer de la vida airada, si no hace la casualidad que entre los circunstantes se hallan personas de respeto que abonan por aquél y por ésta, atestando que eran casados y de honradez. Desde allí, habiendo tomado los preliminares informes del hecho llevaron a don Liborio a la cárcel y Dolores, llena de vergüenza y de dolor y el hermanito suyo, de que hablamos en los primeros capítulos de nuestra historia y que en aquella aciaga noche sirvió de norte a Andrés para dar con el sitio a que había arrastrado a su esposa aquel hombre perverso, se volvieron a casa de doña Margarita, que los recibió, figúrese el lector, con las manos en la cabeza y con el grito en el cielo.