Eneida
Eneida contra las armas dárdanas. Huye al punto, hijo mÃo, y pon fin a tu esfuerzo.
620 No te abandonaré y te dejaré a salvo en el umbral de la casa de tu padre».
Dijo y se hundió en la espesa negrura de la noche.
A mi vista aparecen semblantes de terrible catadura,
los divinos poderes imponentes en lucha contra Troya.
Entonces fue cuando Ilión entera me pareció en verdad hundirse en llamas
625 y que iba derrocándose de su base la Troya de Neptuno[52],
como cuando en la misma cumbre de una montaña
pugnan los leñadores a porfÃa
por derribar un fresno de otros tiempos que a repetidos golpes
de hacha y hierro han logrado socavar;
él está amenazando caer cualquier momento
y cabecea tremante su follaje bamboleando su copa
630 hasta que poco a poco vencido a tanta herida da un último gemido
y arrancado a la cima cae con estruendo en tierra.