Eneida
Eneida Vosotros, mis criados, advertid lo que os digo:
Hay al salir de la ciudad un cerro y un antiguo santuario de Ceres
abandonado ya y hay cerca de él un vetusto ciprés
715 que por veneración de nuestros padres se conserva de largo tiempo atrás.
Todos nos juntaremos allí mismo, cada cual por su lado.
Toma en tus manos, padre, los objetos sagrados y los Penates patrios.
A mí, recién salido de tan horrenda lucha y mortandad,
720 no me está permitido poner mi mano en ellos
hasta que no me lave en agua viva».
Diciendo así, sobre mis anchos hombros y mi cuello que humillo
extiendo la piel fulva de un león y me inclino a recibir el peso.
Mete el pequeño Julo en mi diestra los dedos de su mano,
y va siguiendo a su padre con pasos que no igualan a los suyos.
725 Detrás viene mi esposa. Caminamos atravesando sombras,
y a quien poco antes no imponían ningún tiro de dardo