Eneida
Eneida en donde el lidio Tíber entre fértiles tierras de labriegos
va fluyendo en la paz de su corriente. Allí te aguardan días de ventura,
un reino y una regia consorte dispuestos para ti.
Desecha ya tus lágrimas por tu amada Creúsa.
785 No seré yo quien vea las altivas mansiones de mirmidones o dólopes
ni tendré que servir como esclava a matrona alguna griega,
yo, troyana, y esposa del que es hijo de la divina Venus.
Aquí en esta ribera me detiene la poderosa madre de los dioses.
¡Ahora adiós! Guarda en tu alma el cariño al hijo tuyo y mío».
790 Cuando así había hablado y yo lloraba y quería decirle muchas cosas,
me dejó y alejándose fue a perderse entre las tenues auras.
Tres veces allí mismo quise tender mis brazos en torno de su cuello
y asida en vano tres veces se me fue la imagen de las manos
como soplo de brisa, en todo parecido a sueño alado.