Eneida
Eneida Una vez que los dioses de la altura dieron en arrumbar el poderío de Asia
y la nación de Príamo, que no lo merecía, y después que cayó
la soberbia Ilión y que toda la Troya de Neptuno alzaba desde el suelo
espiras de humo, nos fuerzan los augurios de los dioses a ir en busca de lugares
5 distantes de destierro en comarcas desoladas. Construimos debajo de Antandro[57] nuestras naves,
al pie de la montaña frigia de Ida, sin saber a dónde nos conducen los hados,
dónde se nos concede establecernos. Reunimos allí nuestros hombres.
Había despuntado apenas el verano y ya mi padre Anquises ordenaba izar velas,
10 designio del hado. Abandoné llorando las playas de la patria y los puertos
y la llanura donde estuvo Troya. Me llevan desterrado mar adentro
con mis hombres y mi hijo y los Penates y con los grandes dioses[58].
A lo lejos se extiende la tierra del dios Marte, sus anchurosos llanos.
Los cultivan los tracios. Allí reinó el brioso Licurgo en otro tiempo.