Eneida
Eneida Nací en Troya, no soy extraño a ti. Esa sangre no mana de ese tronco.
¡Ay! ¡Huye de esta tierra cruel, escapa de esta playa avarienta!
45 Soy Polidoro. Aquí bajo una férrea mies de dardos que han crecido
en aceradas puntas, encuentro acribillado sepultura».
Me angustia una espantosa incertidumbre. Me quedo estupefacto.
Se me erizaron los cabellos. Se me pegó la voz a la garganta.
Era aquel Polidoro que el desdichado Príamo en secreto envió al rey de Tracia
en otro tiempo con gran cantidad de oro para que lo criase
50 cuando perdía ya la esperanza en las armas de Troya,
viendo que se cerraba el cerco alrededor de la ciudad.
Pero el tracio al ir quebrando el poder de los teucros
y al irse retirando su fortuna, da en seguir el partido de Agamenón, sus armas victoriosas,
55 arrolla toda ley divina, degüella a Polidoro y se apodera del oro por la fuerza.