Eneida
Eneida 285 y al soplo de los vientos del norte el invierno glacial va encrespando las olas.
El escudo de bronce que portó el gran Abante[70] en otro tiempo,
lo clavo en el pilar de entrada y lo acoto con un verso:
«Eneas cobró este arma de manos de los griegos vencedores».
Entonces les ordeno abandonar el puerto y sentarse en los bancos de los remos.
290 Compiten mis remeros en azotar las ondas, van barriendo la lámina del mar.
Enseguida perdemos de vista los alcázares feacios alzados en la altura.
Bordeamos las costas del Epiro, penetramos en el puerto caonio
y vamos acercándonos a la ciudad cimera de Butroto[71].
Allí el rumor de un hecho increíble nos llena los oídos:
295 que Héleno, hijo de Príamo,
es el que está reinando sobre ciudades griegas
adueñado de la esposa del Eácida Pirro y de su cetro,
y que ha pasado Andrómaca otra vez a un esposo de su raza.