Eneida
Eneida su tío Héctor[74] incitarle al valor de la raza, y al arranque viril?»
Profería entre llanto estas palabras e iba vertiendo en vano abundantes sollozos,
345 en el momento en que Héleno, el noble hijo de Príamo, sale de la ciudad
con una amplia comitiva y se llega a nosotros. Nos va reconociendo como suyos
y nos conduce alegre hasta las puertas y van entrecortando
muchas lágrimas sus palabras. A medida que avanzo, echo de ver
350 una Troya en pequeño, otra Pérgamo a imagen de la grande
y un arroyo sin agua, lo llaman Janto. Abrazo los umbrales
de las Puertas Esceas. Disfrutan como yo mis compañeros de la ciudad hermana.
Les da el rey la bienvenida entre sus vastos pórticos. En medio de la sala
hacen las libaciones de vino, copa en alto, mientras en platos de oro,
355 les sirven los manjares. Transcurre un día y otro.
Las brisas solicitan nuestras velas. Sopla el viento del sur y su lino retesa.
Yo apremio al adivino y de él inquiero: