Eneida
Eneida «Hijo de Troya, intérprete de la divinidad,
tú que percibes la voluntad de Febo, lo que dicen los trípodes,
360 el laurel del dios de Claros, las estrellas, las lenguas de los pájaros,
los presagios del ave volandera. Ea, dime (pues me predijo el cielo
un viaje por entero favorable, y los dioses me alentaron a una con sus oráculos
365 a dirigirme a Italia, a la aventura de remotas tierras; sólo la Harpía Celeno
me ha augurado un extraño portento, horrendo de decir, y me ha predicho
iras funestas y hambre infame), dime, tú, qué peligros debo evitar primero,
con qué trazas podré superar tales trances».
Entonces Héleno sacrifica primero unos novillos, cumpliendo lo prescrito,
370 y solicita el favor de los dioses. Y desprende las ínfulas de su sagrada frente[75]
y él mismo me conduce de la mano a tu umbral, Febo.
Me turbo en tu presencia poderosa.
Después el vate profiere de su boca inspirada estas palabras: