Eneida
Eneida Subimos hasta el cielo en el lomo arqueado de las olas y al retirarse
565 nos hunden en los Manes del abismo. Tres veces en las rocas cavernosas
rompieron en un grito los escollos; tres veces vimos impelida la espuma a lo alto
y destilarla las estrellas. En tanto viento y sol al mismo tiempo
acaban por dejarnos fatigados. Y así, perdido el rumbo,
570 arribamos a tierra de los Cíclopes. Está el puerto espacioso
a seguro de embates de los vientos. Cerca el Etna retumba
con horrendo derrumbe. Lanza al aire unas veces negra nube
que humea un torbellino de pez y candentes pavesas;
borbotea cuajarones de llamas que lamen las estrellas.
Otras veces arroja a las alturas las entrañas
575 desgajadas del monte mugidor, sus derretidas rocas por los aires.
La lava borbollea en lo hondo de su sima.
Es fama que esta mole atenaza al corpulento Encélado