Eneida
Eneida Un punzante terror nos acucia a descoger presurosos los cables
y a desplegar las velas en cualquier dirección, afanosos de vientos favorables.
Pero el mandato de Héleno previene que evitemos el rumbo a Escila ni a Caribdis,
685 que en uno u otro apenas si difiere el peligro de muerte.
Decidimos retroceder. De pronto acude en nuestra ayuda
el Bóreas soplando del estrecho de Peloro.
Y voy dejando atrás la peñascosa boca de Pantagia,
la bahía de Mégara, y a Tapso tendido en la ribera[85].
De todo me da cuenta Aqueménides,
690 compañero del desdichado Ulises, que volvía a recorrer la costa
en dirección contraria. A la entrada de un golfo siciliano,
enfrente de Plemirio batido por las olas,
se alza una isla. La llamaron Ortigia sus antiguos moradores.
Cuentan que Alfeo, el río de la Élide, se abrió un secreto cauce bajo el mar
695 y ahora en tu fuente, Aretusa, entrefunde sus ondas con las ondas sicilianas.