Eneida
Eneida Ni Héleno, el adivino que tan horrendos trances me predijo,
ni la cruel Celeno me habían presagiado esta desgracia.
Fue mi última congoja. Y ésta la meta de mi largo viaje.
715 Cuando salí de allí, impulsó un dios mi nave a vuestras playas».
Así el caudillo Eneas contaba una vez más él solo, tenso el ánimo de todos,
la historia de los hados dispuestos por el cielo y describía sus propias correrías.
Cesó de hablar al cabo y poniendo así fin, quedó en silencio.