Eneida
Eneida nuestros muros y vienes sospechando de las casas de la enhiesta Cartago.
Pero ¿hasta dónde vamos a llegar? ¿A qué conduce esta continua lucha?
Y ¿por qué no esforzamos más bien en concertar una paz duradera
100 y pactar un himeneo? Tienes ya lo que con toda tu alma apetecías.
Arde Dido en amor y su fuego le cala hasta los huesos. Ya que es así,
rijamos este pueblo las dos juntas, ambas con igual mando.
Sométase en buen hora Dido a su esposo frigio
y pasen a su mano los tirios como dotes».
105 Venus, que echa de ver la doblez de sus palabras,
a fin de desviar a las costas de Libia el dominio de Italia,
le responde: «¿Quién hay tan insensato que se oponga a tu plan
y prefiere enfrentarse contigo si apoya la fortuna tu propósito?
110 Pero los hados me sumen en la duda de que se avenga Júpiter a que formen
una sola ciudad los tirios y los prófugos de Troya, o que apruebe