Eneida
Eneida Pide ansioso que irrumpa entre la tímida manada un espumeante jabalí
o que un fulvo león baje de la montaña.
160 En tanto empieza el cielo a estremecerse en confuso zumbido fragoroso.
Le sigue un turbión de agua mezclado de granizo. La comitiva tiria
y los mozos troyanos y el dardanio nieto de Venus, todos desbandados
van huyendo a través de los campos en busca cada cual de amparo a su terror.
Los torrentes irrumpen desatados de los montes. En una misma cueva
165 buscan refugio Dido y el caudillo troyano. Dan la señal la Tierra, la primera,
y Juno, valedora de las nupcias.
Brillaron luminarias en el cielo, testigo de la unión.
Ulularon las ninfas en las cumbres de los montes.
Fue aquél el primer día de muerte, fue la causa de los males.
Dido ya no se cuida de apariencias ni atiende a su buen nombre,
170 ni se imagina el suyo amor furtivo. Lo llama matrimonio.