Eneida
Eneida o en lo alto de las torres infundiendo incesante terror por las grandes ciudades,
tan tenaz difusora de mentira y maldad como de lo que es cierto.
Iba entonces gozosa propalando los más varios rumores por los pueblos;
190 divulgaba a la par nuevas ciertas y falsas; que ha arribado
Eneas, descendiente del linaje troyano; que se ha dignado unirse con él
la hermosa Dido y están pasando juntos en la molicie aquel invierno entero
sin cuidar de sus reinos, entregados a las delicias de su torpe amor.
195 Tales infundios hace correr de boca en boca de los hombres
aquí y allí la repulsiva diosa. Tuerce enseguida el vuelo
hacia el rey Jarbas, le enardece el alma con sus nuevas
y va colmando su ira. Era Jarbas hijo de Amón[100] y de la ninfa Garamantis,
raptada por el dios. Había alzado a Júpiter
cien imponentes templos en sus reinos extensos
200 y un centenar de altares con su sagrado fogaril en vela,
incesante centinela divino.