Eneida
Eneida —asà le parecÃa—, llamadas de su esposo
cuando la oscura noche cubrÃa ya la tierra,
y las quejas incesantes del búho solitario que emitÃa en su alero
su canto funeral diluyendo sus notas en un largo lamento. Le aterran a la par
465 las muchas predicciones de antiguos adivinos con terribles presagios.
En sueños delirando la persigue furioso el mismo Eneas. Le parece que siempre
la va dejando sola y que va recorriendo siempre un largo camino
sin compañÃa alguna y que busca a sus tirios en un paÃs desierto.
470 Lo mismo que Penteo[108] enloquecido ve escuadrones de Euménides y ve alzarse a sus ojos
dos soles y dos Tebas, o lo mismo que el hijo de Agamenón, Orestes,
perseguido en escena va huyendo de su madre, que armada con antorchas
y con negras serpientes le acosa mientras en el umbral
le aguardan las Erinias vengadoras. Cuando vencida del dolor las Furias
475 le enloquecen el alma y decide morir, fija en su mente el momento y el modo;