Eneida
Eneida la tierra y descender los fresnos de los montes. Pongo a los dioses por testigos
y a ti, querida hermana, a tu dulce vida, de que acudo
contra mi voluntad a esa hechicera. Tú, dentro de palacio, al aire libre,
495 alza una pira en secreto y encima pon las armas que dejó ese despiadado
colgadas sobre el muro de mi cámara y pon todas sus prendas
y ese lecho nupcial que me ha perdido.
Es mi gusto acabar con todos los recuerdos
de ese hombre abominable. Es lo dispuesto por la sacerdotisa».
Dice y queda en silencio. Al instante su rostro empalidece. Ana ni se imagina
500 que su hermana está encubriendo su inminente muerte bajo ese extraño rito,
ni puede concebir tal frenesà ni da en temer más duelo que el que tuvo
un dÃa por la muerte de Siqueo. Prepara, pues, lo que le manda Dido.
Ésta cuando ya se alza al aire libre en medio de palacio la ingente pira
505 de haces de pino y de leños de encina, engalana el recinto de guirnaldas