Eneida
Eneida 265 En cambio en otro tiempo Demóleo ajustándolo a su cuerpo
perseguía veloz con él a los troyanos y los hacía huir en desbandada.
El tercer galardón lo forma una pareja de calderos de bronce
y dos copas de plata ornadas de figuras en relieve.
Obtenidos los premios, todos se retiraban ufanos de sus dones
270 con las frentes ceñidas de cintas encarnadas, cuando arrancado al cabo
con denodada maña de las garras del peñasco cruel perdiendo remos
Sergesto ya sin fuerzas, privado de una fila de remeros
conducía entre mofas su nave sin honor. Igual que una culebra
a la que en un desmonte del camino
sorprende con frecuencia una rueda de bronce
275 y pasa de través sobre su cuerpo, o a la que un caminante golpeándola
con una recia piedra la deja medio muerta, mutilada.
Ella en vano trata de huir,
retuerce su dorso en grandes roscas; una parte del cuerpo enfurecida,