Eneida
Eneida qué tono el de su voz y su porte al andar. Es más, yo misma acabo de dejar
650 enferma a Béroe hace un instante, doliéndose de ser la única en no asistir
a este rito y no rendir a Anquises los honores debidos». Habla así.
Las troyanas dudándolo al principio lanzan hoscas miradas a las naves;
no saben decidirse entre su infortunado amor a aquella tierra
655 y el reino al que la voz de los hados les llama.
De repente la diosa planeando sus alas, se remonta por el cielo
y en su huida va hendiendo por las nubes su arco ingente.
Entonces sí que gritan pasmadas del prodigio, frenéticas,
660 y arrebatan el fuego a los sagrados fogariles. Parte de ellas despojan los altares
y arrojan follaje, ramas secas, antorchas encendidas. Y Vulcano cabalga
a rienda suelta enfurecido a lo largo de los bancos y las filas de remos
y las pintadas popas de madera de abeto.
Eumelo es el que lleva el túmulo de Anquises