Eneida
Eneida 735 te guiará la casta Sibila. Conocerás entonces toda tu descendencia
y sabrás qué ciudad se te concede. Y ahora ¡adiós! Ya va la húmeda Noche
rodando la mitad de su carrera y la Aurora implacable me ha insuflado
el huelgo de sus potros jadeantes». Dice y corre a perderse como el humo
740 en las auras. «¿A dónde te apresuras? ¿A dónde vas hurtándote de m�
—prorrumpe Eneas—. ¿De quién huyes? ¿Quién te hurta a mis abrazos?»
Dice y aviva el rescoldo del fuego adormecido y ofrenda suplicante
sagrada harina e incienso a manos llenas al lar de Pérgamo
y en la capilla recóndita de Vesta, la del cabello plateado.
745 Llama a sus compañeros al instante,
a Acestes el primero y les da a conocer las órdenes de Júpiter
y el consejo de su querido padre, y la resolución firme ya en su ánimo.
No hay larga discusión: no rehúsa sus órdenes Acestes,
750 adscriben a la nueva ciudad a las mujeres y a cuantos lo desean,